18.11.08

UNA DE ESAS NOCHES...



Kizá ésta sea una de esas noches en ke las cosas las sientes más despacio. Una de de esas noches ke pasan lentamente, ke dejan ke las horas te parezcan eternas, ke hacen ke mañana no llegue en unas horas, en las ke no termino y te kedas conmigo.

Kizá ésta sea una de esas noches en ke mirarme se te escapa, una de esas noches ke llegan sin sentirse y ke no se detienen. Kizá ésta sea una de esas noches en ke el tiempo se escurre entre cada palabra y vuelves la cabeza y después ya te has ido.

Durante unos instantes, cuando veo la luna agachar la cabeza y entrar por un rincón, me paraliza el miedo y espero contenida ke me buskes a tientas, ke hurgues en mis recuerdos. Ke me descubras.

Pero esta noche estás cansado. No pasarás las páginas del libro. Apagas la luz. Kizás mañana.




Bistritz, 3 de mayo. Salí de Münich a las 8:35 de la noche del
primero de mayo, llegué a Viena a la mañana siguiente,
temprano; debí haber llegado a las seis cuarenta y seis; el tren
llevaba una hora de retraso. Budapest parece un lugar
maravilloso, a juzgar por lo poco que pude ver de ella desde el
tren y por la pequeña caminata que di por sus calles. Temí
alejarme mucho de la estación, ya que, como habíamos llegado
tarde, saldríamos lo más cerca posible de la hora fijada. La
impresión que tuve fue que estábamos saliendo del oeste y
entrando al este. Por el más occidental de los espléndidos
puentes sobre el Danubio, que aquí es de gran anchura y
profundidad, llegamos a los lugares en otro tiempo sujetos al
dominio de los turcos.

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