26.10.05

CUENTOS MÁS GOLFOS... o más cuentos golfos...

Es el amor el ke mueve el mundo? Es el sexo? Son las dos cosas? Es la amistad? Ufff... ke dificil pregunta... Mira ke para mi ke las tres cosas están tan mezcladas ke ya no se ni distinguirlas...


CUENTOS GOLFOS II "Fóllame hasta el corazón"

No me gustan mucho los coches, nunca me han gustado, se que a mucha gente le dan un morbo tremendo, pero a mí me pasa algo con ellos, no me gustan. Pero íbamos en el coche y yo no vivía sola, y tú tenías a tu novia esperándote en la cama. No podía ser otro sitio y tenía tantas ganas de que me follaras que iba a dejarme llevar incluso dentro de un coche.
Conducía yo, y conducía brusco. Estaba nerviosa, mirando de frente, se me colaban en el campo de visión imágenes entrecortadas, de tus manos encima de las rodillas, martilleando sin parar, de tus ojos, que me miraban fijamente, unas veces a la cara y otras veces a las piernas. Había un silencio muy poco habitual entre nosotros. Pensaba en Alicia, no podía quitármela de la cabeza, no quiero hacerla daño, pensaba. Pero no iba a evitarlo, ya había dado el paso y ahora no podía caminar hacia atrás. Y no quería.
Tus dedos seguían el ritmo de tus pensamientos, supongo, y nerviosos decían, sin que hiciera falta que pronunciases una sola palabra, que no te sentías del todo seguro de lo que estabas haciendo, pero que ibas a hacerlo.
Te mire, fijamente por primera vez en toda la noche, ¿estás seguro? Y cuando aún no habías abierto la boca ya sabía que dirías que siguieramos adelante. Que el amor no siempre puede con esa cosa que te quema dentro, y que, sobre todo, el amor no es esa cosa que te quema dentro.
Me sentía sucia, y el hecho de hacerlo en el coche no me hacía ver las cosas mejor, pero estabas allí a mi lado, por fín, después de tantas veces imaginándolo te tenía en carne y hueso y me estabas rozando la mano con sutileza, como si te diera miedo romperme.
Apagué el motor y el silencio fue completo. Supongo que te sentías tan incómodo como yo, no sabía que decir. Llevaba seis años contándote todas las escenas de sexo de mi vida, y ahora no era capaz de abrir la boca.
Sólo podía pensar en Alicia, en todas las veces que me había hablado de ti, de vuestras primeras veces, de todas las veces, incluso de cuando las veces tardaban tanto en llegar. Sabía cuanto tiempo llevabas sin follar, sabía que el aburrimiento te hace follar menos pero no te hace perder las ganas. Sabía que jugaba con ventaja, pero aún así me sentía insegura y nerviosa, muy nerviosa. Casi virgen.
No puedo dejar de pensar en Alicia, inmediatamente después de decirlo pensé que no había sido buena idea, que te haría entrar en razón y arrepentirte, pero no fue así. Tu ya lo habías pensado mucho, suficiente, y habías llegado a la conclusión de que era eso y en ese momento lo que querías hacer. No te sentías mal, pero los nervios también podían contigo.
Fue como follar por primera vez. Cada movimiento tardaba en llegar todo el tiempo del mundo, cada caricia, cada beso, hasta la postura parecía estudiada al milímetro. Encajabamos. Eso no podía ponerse en duda. Tu lengua recorría cada rincón de mi boca, me besabas, me chupabas, me acariciabas y me mordías. Tus manos me cubrieron entera, parecía que tus dedos conociesen cada uno de mis recovecos. Yo sabía donde tocar y como tocar, no sé cómo, pero lo sabía, parecía que te hubiera tenido cien veces encima, porque te escuchaba respirar al ritmo que yo marcaba, porque mis jadeos encajaban perfectos con tus pulsaciones.
Te estudié al completo con la lengua y te ví crecer con los ojos fijos en tu ombligo. Te sentí en la boca y fue suficiente para dejar mi mente en blanco y comenzar a fluir, simplemente, sin sentir nada más que placer. La velocidad aumentaba poco a poco, perdí los nervios y gané en desvergüenza. Me desnude sola, sin darte tiempo a quitarme la ropa lentamente, te desnudé a ti, con tu ayuda patosa llena todavía de nervios, y quizás de dudas.
Desnudos, por fín, y en la postura más cómoda que el maldito coche nos permitió encontrar, noté como perdías el poco miedo que te quedaba y me llenaste de valor y saliva en un mismo movimiento. Me comiste rápido, sin pensar en otra cosa que hacerme feliz, y eso se nota, porque en dos minutos estaba en un mundo paralelo al mío, estallé en cien trozos y mis convulsiones parecían eternas.
Pero no paraste, me abriste las piernas para follarme, por fín, después de seis años, follarme hasta el fondo y dejarme exahusta. Duró tanto tiempo y fue tan perfecto. Cada uno de tus empujones se veía correspondido con uno de mis jadeos, cada vez que yo arqueaba mi espalda, escuchaba tu voz en mi oido, y me ayudaba a seguir. El cansancio se compensaba con la intensidad del placer.
Lloré y te miré, no podía creerme que estuviera pasando de verdad. Llorabas también y me apretabas con tanta fuerza que no quería soltarme nunca. Terminaba todo y no quería dejarte acabar, quería seguir eternamente contigo dentro, te sujetaba sacando fuerza de ninguna parte, y tampoco tú querías soltarme.Y explotamos juntos, y pensé que aquello podía parecerse mucho a la muerte. Sentí que después habría vacío, pero aquel momento duró como cientos, y llegué al orgasmo mil veces en una. Y me besaste hasta el corazón, me follaste hasta el corazón, y te olvidaste dentro un poco de ti. Y después de aquello, de morirme un poco y dejarme un trozo enganchado en ti, me basta saber ke he sido tan golfa de dejarte entrarme hasta corazón.


...A mi la gente transparente ke no kiero puñalones...

2 comentarios:

Santi dijo...

María, María!
Pero que sorpresa más interesante. Anoche me ponías copas y hoy me calientas la bragueta a base cuentos pa'mayores, palabras sucias y talante, mucho talante...
Genial! Suerte con las letras ;-)

Alguien que te lee. dijo...

Y hoy tú me has hecho llorar el corazón..., porque el corazón llora sangre, ¿...no?

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