10.2.11
19.1.11
LOS NUEVOS LUNES
Como en la película de Bardem, todos los lunes iba con Carlos al descampado. Nos dedicábamos a dibujar circuitos en el suelo, “para cuando tengamos moto” decía él, aunque en el fondo buscábamos, entre los escombros, algo que nos sacase de pobres. Una cartera, la llave de un tesoro, un boleto de lotería premiado... Nos costaba tan poco soñar y tanto despertar… De martes a jueves, Carlos tenía que ir con su padre en la furgoneta a recoger chatarra, pero los lunes eran nuestros. Pasábamos horas y horas dando vueltas por allí, tirando piedras a los pájaros o convirtiendo los restos de basura en rampas y saltos imposibles. Bebíamos cerveza. Reíamos. Llorábamos. Carlos soñaba con azafatas agitando botellas gigantes de champán, con el podio, con ser como Dani Pedrosa, “pero con una novia morena, decía, y con las tetas más grandes”.
Algunas veces, llegábamos hasta la depuradora, aunque a mí me resultaba difícil quedarme mucho tiempo, en seguida se me revolvía el estómago y me empezaba a poner verde. En parte por el olor, que era realmente insufrible, y en parte porque dejaba volar mi imaginación y empezaba a pensar en trozos de cualquier cosa flotando en la pasta gris que daba vueltas y vueltas en la piscina de acero.
Ahora, la piscina es la misma, pero no se ve desde fuera. El recinto tiene la valla reforzada y, donde estaba el agujero por el que Carlos y yo nos metíamos, hay un muro que tiene casi dos metros de alto. Hay un vigilante de seguridad que, cuando me ve, me hace un gesto educado con la cabeza. Hace menos de dos meses que lo han reformado, pero el olor a rancio y el silencio, hacen que parezca que lleva toda la vida así. Ayer llovió, puede que por eso no me moleste tanto estar apoyado en la vaya. Tal vez es un nuevo aislamiento, que aplaca el olor a muerte. Me imagino a Carlos y me pongo verde, como antes.
Al principio, venía a verme al súper. Ya verás cuando me cojan también a mí y empiece ahorrar para la moto, tendremos que pedir los lunes libres, para poder ir al circuito. Pero después se cansó. Me imagino a Carlos, borracho…
“Los nuevos lunes son una mierda”, me puso en un mensaje, “son iguales que los de antes pero estoy solo”.
12.1.11
ESE LUNAR QUE TIENES, CIELITO LINDO, JUNTO A LA BOCA
Al principio, me escribías en la espalda, me dibujabas sonrisas con el dedo y, cuando cerraba los ojos, te empeñabas en recontarme los lunares uno a uno. Después dejaste de pintar sonrisas, seguías hurgando con la mano en todos mis recovecos, pero con más ansiedad, como con prisa. Hasta que llegó un día en que cerrar los ojos significaba dormir, nada más. No perdí los lunares pero, con el tiempo, olvidé que los tenía.
1.1.11
ME GUSTABA ESPERAR A QUE NO VINIESES
Froté el cristal de la ventana con el dorso de la mano para quitar el vaho y miré al otro lado. La calle seguía igual de vacía. No ibas a venir. Lo sabía y aún así seguía esperándote. No era un espera cargada de esperanza. Solo yo y la calle vacía y un rato después otra vez frotar el cristal. Y la certeza de que no vendrás.
No. Qué va. No creo. Y cambiaste de tema. Siempre era así, pero tenía algo mágico sentarme a esperar a que no vinieras. Seguir siempre el mismo ritual. Encender la estufa. Ir a la cocina y calentar agua. Esperar de pie a que hierva el agua. El té. La manta. El libro que no leo. El sofá y el vaho. Y tu parte, la más importante, que no vengas.
Me gustaba esperar a que no vinieras.
Ese día en la calle no había fantasmas. Los coches que pasaban de vez en cuando los espantaban. Supongo que para ellos el año nuevo también tiene algo de especial. Luces hasta más tarde que de costumbre y a lo lejos fuegos artificiales, pero el camino está igual de vacío que siempre. Esperé por lo menos dos horas. Mirando por la ventana. Abriendo y cerrando el libro. Y seguiste sin llegar...
Que no vengas nunca, lo hace todo mucho más sencillo. Sin sorpresas. Es fácil sentirse segura así. He querido explicártelo por lo menos cien veces. Siempre empiezo convencida. ¿Sabes...? Y ahí termino. Por alguna razón nunca te lo cuento. Puede que quiera seguir ese juego en el que tú piensas que quiero que aparezcas. O el de que no te espero. Quizá debería habértelo dicho una sola vez.
Me sentaba a no esperarte muchas veces y tampoco te lo dije nunca. Sobre todo los domingos. Y cuando llegaba muy triste del trabajo. Entonces incluso me saltaba algún paso, como si tuviese prisa. Entraba corriendo, me descalzaba, manta, libro, vaho y tú. La falta de ti.
Eran más de las 6. Llegaban a casa después de salir. Eran como sombras entrando en los portales. Algunos cantaban. Sombras alegres porque empezaba un nuevo año. Y yo pensé que me gustaba empezar el año sabiendo que no vendrías. No esperándote.
Un coche aparcó debajo de la ventana. Froté por última vez el cristal agarrando la manga del jersey con la mano para no notar el frío. Pero era tu coche y el frío se me metió hasta en el estómago. Cerré los ojos porque no quería verte. ¿Qué hace aquí? No vengas. No vengas. Fue abrir la puerta del coche y dejé de esperar, para siempre.
Me gustaba más esperar a que no vinieses.
No. Qué va. No creo. Y cambiaste de tema. Siempre era así, pero tenía algo mágico sentarme a esperar a que no vinieras. Seguir siempre el mismo ritual. Encender la estufa. Ir a la cocina y calentar agua. Esperar de pie a que hierva el agua. El té. La manta. El libro que no leo. El sofá y el vaho. Y tu parte, la más importante, que no vengas.
Me gustaba esperar a que no vinieras.
Ese día en la calle no había fantasmas. Los coches que pasaban de vez en cuando los espantaban. Supongo que para ellos el año nuevo también tiene algo de especial. Luces hasta más tarde que de costumbre y a lo lejos fuegos artificiales, pero el camino está igual de vacío que siempre. Esperé por lo menos dos horas. Mirando por la ventana. Abriendo y cerrando el libro. Y seguiste sin llegar...
Que no vengas nunca, lo hace todo mucho más sencillo. Sin sorpresas. Es fácil sentirse segura así. He querido explicártelo por lo menos cien veces. Siempre empiezo convencida. ¿Sabes...? Y ahí termino. Por alguna razón nunca te lo cuento. Puede que quiera seguir ese juego en el que tú piensas que quiero que aparezcas. O el de que no te espero. Quizá debería habértelo dicho una sola vez.
Me sentaba a no esperarte muchas veces y tampoco te lo dije nunca. Sobre todo los domingos. Y cuando llegaba muy triste del trabajo. Entonces incluso me saltaba algún paso, como si tuviese prisa. Entraba corriendo, me descalzaba, manta, libro, vaho y tú. La falta de ti.
Eran más de las 6. Llegaban a casa después de salir. Eran como sombras entrando en los portales. Algunos cantaban. Sombras alegres porque empezaba un nuevo año. Y yo pensé que me gustaba empezar el año sabiendo que no vendrías. No esperándote.
Un coche aparcó debajo de la ventana. Froté por última vez el cristal agarrando la manga del jersey con la mano para no notar el frío. Pero era tu coche y el frío se me metió hasta en el estómago. Cerré los ojos porque no quería verte. ¿Qué hace aquí? No vengas. No vengas. Fue abrir la puerta del coche y dejé de esperar, para siempre.
Me gustaba más esperar a que no vinieses.
12.12.10
CANCIÓN DE NAVIDAD
Cuando entro por la puerta les escucho gritar. En la cocina hay humo y mis compañeros bostezan sentados en la mesa. Ultiman sus planes de noche de sábado.
Me asomo al salón y entonces se callan. Así sentados en la alfombra y cogidos de la mano, tengo la sensación de que fueran a kedarse kietos para siempre.
Tito lleva un chándal enorme, recosido. A su lado, hay una taza de plástico con lápices de colores y unas hojas revueltas. Me miran con los ojos casi vacíos, y no sonríen. Esperan que, en cualquier momento, les regañe, les mande recoger todas las cosas y directos al cuarto. Esperan que me enfade con ellos, que los deje sin peli. Supongo que está en su naturaleza ponerlo difícil, que no son muy de ser buenos, hacer puzzles o pintar. Durante un segundo permanecen callados. Y entonces, los veo de verdad, por dentro.
No veo los chicos de centro de menores, quedarme con ellos de jueves a domingo y así hasta el día uno, cobrar y otro mes más. No veo el "hoy han tenido una tarde malísima, a ver qué tal se os da la noche", ni el "están castigados, así que hoy nada de tele". No veo el "Tito, no juegues con la comida" o el "David, siéntate ya". Solo veo dos niños de la mano.
Veo a los hijos de alguien que fue padre antes de tiempo. Veo a una madre que no está. Una abuela que no quiere hacerse cargo. Veo discusiones en el salón escondido detrás de la puerta, la cama sin hacer, los portazos. Veo unas latas para cenar. Navidad sin regalos, "mamá tiene un mal día" y aprender a estar solo con 8 años.
Siguen de la mano y no dicen nada. Y no importa. Parecen una imagen de un cuento de Charles Dickens. Canción de Navidad.
Así que sonrío y les guiño un ojo, "a ver qué hacéis, enanos, que os tengo vigilados". Y me voy a preparar la cena. "Esta noche vamos a tomar postre".
Me asomo al salón y entonces se callan. Así sentados en la alfombra y cogidos de la mano, tengo la sensación de que fueran a kedarse kietos para siempre.
Tito lleva un chándal enorme, recosido. A su lado, hay una taza de plástico con lápices de colores y unas hojas revueltas. Me miran con los ojos casi vacíos, y no sonríen. Esperan que, en cualquier momento, les regañe, les mande recoger todas las cosas y directos al cuarto. Esperan que me enfade con ellos, que los deje sin peli. Supongo que está en su naturaleza ponerlo difícil, que no son muy de ser buenos, hacer puzzles o pintar. Durante un segundo permanecen callados. Y entonces, los veo de verdad, por dentro.
No veo los chicos de centro de menores, quedarme con ellos de jueves a domingo y así hasta el día uno, cobrar y otro mes más. No veo el "hoy han tenido una tarde malísima, a ver qué tal se os da la noche", ni el "están castigados, así que hoy nada de tele". No veo el "Tito, no juegues con la comida" o el "David, siéntate ya". Solo veo dos niños de la mano.

Siguen de la mano y no dicen nada. Y no importa. Parecen una imagen de un cuento de Charles Dickens. Canción de Navidad.
Así que sonrío y les guiño un ojo, "a ver qué hacéis, enanos, que os tengo vigilados". Y me voy a preparar la cena. "Esta noche vamos a tomar postre".
10.12.10
Kiero dejar de estar dentro. De sentirme atrapada. De kererte.
Kiero no acomodarme en los huecos en los ke me das permiso.
Kiero empezar a vivir, soltándome de tu mano, sin miedo, sin confusiones.
Kiero terminar con esto. Contigo. Con tus mentiras.
No kiero entenderlo. Deja de explicarte. De justificarte.
No kiero saberlo. No seas tan detallista. No me informes.
Basta de mentiras. Basta de verdades.
Me dan igual tus ojos ke están arrepentidos,
me dan igual tus manos ke están tan satisfechas.
Kiero no acomodarme en los huecos en los ke me das permiso.
Kiero empezar a vivir, soltándome de tu mano, sin miedo, sin confusiones.
Kiero terminar con esto. Contigo. Con tus mentiras.
No kiero entenderlo. Deja de explicarte. De justificarte.
No kiero saberlo. No seas tan detallista. No me informes.
Basta de mentiras. Basta de verdades.
Me dan igual tus ojos ke están arrepentidos,
me dan igual tus manos ke están tan satisfechas.
18.6.10
REKIEM
ké puedes hacer cuándo no puedes hacer nada? te kedas impasible? te cruzas de brazos? gritas? lloras? pataleas? o te vacías...
tengo un hueco muy grande dentro, una sensación horrible, muchas ganas de llorar y de gritar, algo así como si todo el miedo, la angustia, la injusticia, la tristeza, el dolor y el enfado se me kedasen enganchados justo en la garganta, intentan salir todos a la vez pero se atascan y se lo impiden unos a otros... no puedo hacer nada, no puedo soltarlos, no puedo olvidarme de ke están ahí, no puedo expresarme, no puedo volver a meterlos todos en el estómago. no tengo nada dentro, pero tampoco nada fuera. es incómodo y hasta duele a ratos.
y no sé ké es lo ke ha pasado, son tantas cosas... y en realidad no es ninguna. es como hacer malabares con demasiadas pelotas a la vez y estar en el punto exacto en el ke pierdes el ritmo y te das cuenta de ke todo se va a derrumbar. pero no se derrumba del todo. como estar haciendo equilibrios en un lugar rodeado de vacío. como el chico de oro. como en la historia interminable.
trato de buscar un orden en mi cabeza. poder entender cada una de las cosas, para darles forma, inventarlas una historia, dibujarlas con palabras, colocar todas las piezas y contártelas a medias al oído cuando vamos a dormir. para ke no me veas llorar. para ke no te preocupes más. para pensar ke hay esperanza para todos los niños ke duermen solos, para los ke duermen con el estómago vacío, para los ke duermen dentro de una barriga y los ke no duermen. ke habrá un cuento para ellos.
kizá pueda haber un futuro menos negro. donde los niños no matan a los peces por cogerlos. donde hay muchos saramago. donde todos pueden ser sinceros y sentir lo ke kieren en voz alta. donde puedes jugar con kien kieras y sea del color ke sea. donde lejos está más cerca ke nunca. dónde áfrica ha encontrado su camino y ya no camina sola ni los niños ke la llenan tienen frío. donde no crezcas del todo. donde decir lo ke piensas no sea cerrarte las puertas.
y escribir un cuento sin final feliz, ni triste, ni a medias, sin final
así...
tengo un hueco muy grande dentro, una sensación horrible, muchas ganas de llorar y de gritar, algo así como si todo el miedo, la angustia, la injusticia, la tristeza, el dolor y el enfado se me kedasen enganchados justo en la garganta, intentan salir todos a la vez pero se atascan y se lo impiden unos a otros... no puedo hacer nada, no puedo soltarlos, no puedo olvidarme de ke están ahí, no puedo expresarme, no puedo volver a meterlos todos en el estómago. no tengo nada dentro, pero tampoco nada fuera. es incómodo y hasta duele a ratos.
y no sé ké es lo ke ha pasado, son tantas cosas... y en realidad no es ninguna. es como hacer malabares con demasiadas pelotas a la vez y estar en el punto exacto en el ke pierdes el ritmo y te das cuenta de ke todo se va a derrumbar. pero no se derrumba del todo. como estar haciendo equilibrios en un lugar rodeado de vacío. como el chico de oro. como en la historia interminable.
trato de buscar un orden en mi cabeza. poder entender cada una de las cosas, para darles forma, inventarlas una historia, dibujarlas con palabras, colocar todas las piezas y contártelas a medias al oído cuando vamos a dormir. para ke no me veas llorar. para ke no te preocupes más. para pensar ke hay esperanza para todos los niños ke duermen solos, para los ke duermen con el estómago vacío, para los ke duermen dentro de una barriga y los ke no duermen. ke habrá un cuento para ellos.
kizá pueda haber un futuro menos negro. donde los niños no matan a los peces por cogerlos. donde hay muchos saramago. donde todos pueden ser sinceros y sentir lo ke kieren en voz alta. donde puedes jugar con kien kieras y sea del color ke sea. donde lejos está más cerca ke nunca. dónde áfrica ha encontrado su camino y ya no camina sola ni los niños ke la llenan tienen frío. donde no crezcas del todo. donde decir lo ke piensas no sea cerrarte las puertas.
y escribir un cuento sin final feliz, ni triste, ni a medias, sin final
así...
LA ENTRADA MÁS TRISTE DE TODAS
Hoy se ha muerto Saramago y se ha muerto con él el bien inmaculado. Aún no puedo decir nada. Mi corifeo no está...
24.5.10
No es más ke un momento. Un momento ke se te hace eterno. Pero al fin y al cabo basta con deshogarse y llorar. Llorar, eso sí, como si te abrieran en canal y te mirasen por dentro. Y no merece la pena. No es para tanto, te dices. Si es solo un ir y venir de los días. Pero duele igual. Y vuelve a sonar akello de ke kerrás ke sea igual y será distinto, y duele. Como una mentira gorda. Duele. Y mañana, se te olvida y cantas. Y parece ke no ha sido nada. Pero poco a poco se te consume el alma. Se hace más pekeña. Casi no se nota. Pero duele. Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez... Ya está. Se fue.
10.3.10
VA DE MONSTRUOS (Y 2)

He oído ke la Tierra ya no habla. Es curioso. Cuando yo empecé a caminar, me decía muchas cosas. A veces, incluso, me cantaba. Hoy me han dicho ke, mi Tierra, ya casi no dice nada. Ni sikiera a los ke kieren escucharla, ke no hay muchos. Hoy me han dicho ke se ha kedado sin ganas.
Poco podemos hacer para ke hable. Muy pokito. Somos monstruos, pero pocos, y salvajes, pero no nos engañemos, también muy poco salvajes para lo ke una vez fuimos. Pero vamos a intentar ke, por lo menos, un día al mes haya silencio por si kiere decir algo. Un día al mes para la Tierra. No es difícil. Un día en bici, o por el campo. Un día en el río o haciendo casas de duendes. Un día para reconstruir pajares o romper los cristales de una fábrica. Para salir con los perros y dejar ke manden ellos. Para hacer fotos. Para ser vegetarianos o comer huevos de granja. Un día al mes para estar juntos. Todos los monstruos juntos. No se nos suele ver mucho en estos tiempos. Y la Tierra ya no habla. No son buenos tiempos para la gente ética. No son buenos tiempos para andar con grandes sueños. Pero, un día al mes, vamos a hacer como si fuera mentira...
Esperemos ke vengan tiempos mejores...
Blowin' In The Wind
How many roads must a man walk down
Before you call him a man?
Yes, ’n’ how many seas must a white dove sail
Before she sleeps in the sand?
Yes, ’n’ how many times must the cannonballs fly
Before they’re forever banned?
The answer, my friend, is blowin’ in the wind,
The answer is blowin’ in the wind.
How many years can a mountain exist
Before it’s washed to the sea?
Yes, ’n’ how many years can some people exist
Before they’re allowed to be free?
Yes, ’n’ how many times can a man turn his head,
Pretending he just doesn’t see?
The answer, my friend, is blowin’ in the wind,
The answer is blowin’ in the wind.
How many times must a man look up
Before he can see the sky?
Yes, ’n’ how many ears must one man have
Before he can hear people cry?
Yes, ’n’ how many deaths will it take till he knows
That too many people have died?
The answer, my friend, is blowin’ in the wind,
The answer is blowin’ in the wind.
...eco-REUNIONES del eco-LECTIVO MONSTRUOS SALVAJES...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
LOS LIBROS DE HISTORIA NO SON DE VERDAD
En una sociedad que hace apología del raciocinio, que critica las utopías y que no acepta idealismos, repetimos, a pesar nuestro, los mismos...
-
En una sociedad que hace apología del raciocinio, que critica las utopías y que no acepta idealismos, repetimos, a pesar nuestro, los mismos...
-
Ese maldito tornillo de Ikea... Después de pasar por 5 casas, de tener 3 dueños, de montar y desmontar y volver a montar y desmontar la mara...