15.7.06

GOTA A GOTA


CARNET DE IDENTIDAD


Escribe
que soy árabe,
y el número de mi carnet es el cincuenta mil;
que tengo ya ocho hijos,
y llegará el noveno al final del verano
¿Te enfadarás por ello?

Escribe
que soy árabe,
y con mis camaradas de infortunio
trabajo en la cantera.
Para mis ocho hijos
arranco, de las reocas,
el mendrugo de pan,
el vestido y los libros.
No mendigo limosnas a tu puerta,
ni me rebajo
ante tus escalones.
¿Te enfadarás por ello?

Escribe
que soy árabe.
Soy nombre sin apodo.
Espero, pacientero, en un país
en el que todo lo que hay
existe airadamente.
Mis raíces,
se hundieron antes del nacimiento
de los tiempos,
antes de la apertura de las eras,
del ciprés y el olivo,
antes de la primicia de la yerba.
Mi padre...
de la familia del arado,
no de nobles señores.
Mi abuelo era un labriego,
sin títulos ni nombres.
Mi casa es una choza campesina
de cañas y maderos,
¿te complace?...
Son nombre sin apodo.

Escribe
que soy árabe,
que tengo el pelo negro
y los ojos castaños;
que, para más detalles,
me cubro la cabeza con un velo;
que son mis palmas duras como la roca
y pinchan al tocarlas.
Y me gusta el aceite y el tomillo.
Que vivo
en una aldea perdida, abandonada,
sin nombres en ellas calles.
Y cuyos hombres todos
están en las canteras o en el campo...
¿Te enfadarás por ello?

Escribe
que soy árabe;
que robaste las viñas de mi abuelo
y una tierra que araba,
yo, con todos mis hijos.
Que sólo nos dejaste
estas rocas...
¿No va a quitármelas tu gobierno también,
como se dice?

Escribe, pues...
Escribe
en el comienzo de la primera página
que no aborrezco a nadie,
ni a nadie robo nada.
Mas, que si tengo hambre,
devoraré la carne de quien a mí me robe.
¡Cuidado, pues!...
¡Cuidado con mi hambre,
y con mi ira!






MAHMUD DARWISH محمود درويش

El poeta Mahmud Darwish es una leyenda viva para los países árabes. Hombre de diálogo pero de voluntad firme que no está dispuesto a hacer concesiones humillantes. Es casi un símbolo de la cultura palestina.
Se crió en un ambiente campesino, en una pequeña aldea, pero tras la retirada de las tropas británicas y la implantación del estado de Israel, su familia, como tantas otras, tuvo que huir de su tierra. Y ese fue el inicio que marcaría su vida.

De adolescente se refugia en los libros y es entonces cuando encuentra en el lenguaje su instrumento de lucha.
Comienza a escribir al mismo tiempo que ingresa en el partido comunista, y a los veinte años publica su primer poemario “Pájaros sin alas”, muy influenciado por la poesía clásica árabe.
Cuatro años más tarde publica “Hojas de olivo”, que se caracteriza especialmente por el uso de mensajes más directos, mensajes que hablan del sufrimiento de los palestinos dentro del estado de Israel.

En 1966 publica “Enamorado de Palestina”, con un estilo menos directo, con menos amargura, en esta nueva fase parece advertirse la influencia del Mahyar y la escuela romántica.
En su siguiente etapa, más innovadora, trata de traspasar los cánones tradicionales, haciéndose eco de las obras de otros poetas con los que se identificaba Muhammad Al Magut, Nazim Hikmet, Louis Aragon, Pablo Neruda, García Lorca y T.S. Eliot.

Ya en 1967 con el poemario “Fin de noche” abre una nueva etapa, más madura, en la que se advierte una mayor abstracción, sin renunciar sin embargo a su forma de expresión clara, al uso de símbolos relacionados con su lugar de origen (roca, árbol, mar…), y a ese sentimiento de vida y a la vez muerte que le inspira su tierra.

“Los pájaros mueren en Galilea”, de 1969, según el propio Darwish, marca su primera mutación poética por el amplio uso de símbolos y mitos. Este cambio sin embargo, sufrió rechazos por parte de ciertos sectores donde le acusaban de haber renunciado a sus compromisos. Esta consecuencia sin embargo no amedrentó al poeta, que siguió escribiendo otros poemas a pesar de ese rechazo por parte de algunos lectores, que sin embargo poco a poco fueron aceptando.

En “mi amada se despierta” (1970) amplía el uso de símbolos entremezclándolos con acontecimientos históricos, tanto del mundo islámico como del cristiano. La figura de cristo y la crucifixión son los elementos más relevantes.
Su obra no pasa desapercibida debido al impacto que causan sus mensajes respecto a la humillación que sufre su pueblo, esto añadido a su militancia comunista, le cuesta numerosos arrestos por parte del estado de Israel. Pero nuevamente el poeta, firme en sus convicciones, estos hechos no hacen más que acrecentar sus ansias de libertad y deseos de dar rienda suelta a su creatividad.

Decide instalarse en Egipto, aún sabiendo que nuevamente pondría en entredicho si mito, decidió mantener una distancia entre su vida poética y las demás cuestiones políticas. Pero no ocurrió así. Este alejamiento de su tierra no hizo más que alimentar lo que él representaba y su voz seguía muy presente en todos los lugares.
Su poesía se hace más compleja a pesar de no abandonar a lo que está íntimamente ligado, su experiencia palestina. “Amarte o no amarte” (1972), poemario en el que se encuentra poemas tales como “Sirhán toma café en la cafetería” donde se plasma el estado psicológico del poeta dirigiéndose a los palestinos que permanecen en la tierra ocupada.
Aún en los años setenta, se instala en Beirut. Se convierte en miembro del movimiento literario libanés. Allí dirige el centro de investigación de estudios palestinos. Pocos años más tarde también se hace cargo de dos prestigiosas revistas árabes “Shuún filistiniyya y Al Karmel”. Es en estos tiempos cuando Darwish se consagra como uno de los poetas vivos más grandes.
También se convierte en testigo de la guerra civil libanesa, lo cual le inspira numerosos poemas.
En 1982 se ve obligado a abandonar el Líbano tras la invasión israelí. Se exilia en Europa, principalmente en París compaginándolo con estancias en Túnez. En esta etapa Darwish escribe poemas largos, teatrales, con numerosas imágenes…a este tiempo pertenece el poemario “Elogio de la alta sombra” (1983) donde parece reflejar el temor del poeta a que desaparezca el sueño, la esperanza, que lo susutenta a él y a su pueblo a consecuencia de la interminable tragedia.
En “menos rosas” de 1986, sigue experimentando con la forma y el ritmo, logrando poemas de una estética muy cuidada, con un lenguaje cercano que trasmite emociones muy intensas, directas y sinceras, entremezclándolo con símbolos, leyendas, historia, alcanzando una gran armonía.
“Once astros” de 1992, es el resultado del nuevo proyecto que Darwish quiso llevar a cabo, donde se despega del presente y encuentra en la Historia el lugar que le niegan en la tierra. Una epopeya lírica compuesta de largos poemas marcados por acontecimientos históricos, la guerra de troya, las invasiones de los mongoles, la pérdida de Al Andalus, el genocidio de los pueblos indios…
“¿Por qué has dejado el caballo solo?” (1995), es un poemario casi biográfico, quizás impulsado por el temor a que el pasado se olvide.
“El lecho de una extraña” (1999) y “Mural” (2000), son poemarios de una estructura más sólida, con proporciones minuciosamente calculadas. Son poemas sobrios en su expresión y sin embargo a su vez llenos de gracia y armonía. Trascienden la cuestión nacional y a su vez liberándolos de un exceso de realismo. Están inspirados en sus experiencias, especialmente “Mural”, lleno de sensaciones, como la absoluta soledad, que le embargaron durante cierto periodo de su vida. Actualmente Mahmud Darwish, vive en Ramalla, donde dirige la prestigiosa revista literaria “Al-Karmel”, cuyos archivos fueron destruidos en el año 2002 por el ejército israelí.

(ATLAS DE POESIA, atlasdepoesia.blogcindario.com)






Sólo pasan unos instantes desde que decides hacer algo o decir algo hasta que compruebas el alcance, las consecuencias, de lo que acabas de hacer o decir. A veces es bueno, y sientes que has hecho lo correcto, a veces es malo, y te das cuenta que has dicho una barbaridad. Otras veces, puede que las peores, el resultado te sorprende tanto que ni siquiera eres capaz de entender si has hecho algo mal, si has dicho algo que no debías o si ni siquiera dependía de ti, si daba igual lo que dijeses porque nada hubiera cambiado las cosas. Intentas ponerle remedio pero, probablemente, es demasiado tarde y nada de lo que hagas podrá cambiar ya las cosas. Impotencia, decepción. Te enfadas contigo mismo. Te sucede lo mismo que cuando tenías ocho años y no podías controlar lo que pasaba a tu alrededor, te da una rabieta, lloras, gritas, pataleas. Tienes ganas de pegarle a alguien, durante un rato tienes incluso ganas de pegarte a ti. Por idiota. Y te niegas en redondo a aceptar la situación. Tú no crees en el destino, crees que eres libre y que el camino que tomas en cada momento hace que todo cambie. El efecto mariposa, se llama. Porque cada acción afecta. Cada segundo afecta. Sólo puede ser culpa tuya. Si lo hubieses hecho de otra manera… Pero ya no puedes retroceder y ahora sólo te queda el próximo paso, y no debes equivocarte porque podrías estropearlo aún más. Te quedas parado, esperando, intentando no mover ni un dedo, pasar desapercibido. No puedes. Y estallas. Y parece que en lugar de avanzar retrocedes. Pides ayuda y nadie responde, porque nadie sabe como ayudarte. Porque si no puedes ayudarte tú, nadie lo hará.

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