Esta semana han pasado muchas cosas... La primera de todas, es que he sacado como media hora para ver las noticias. No me siento orgullosa, sigo pensando que más me valía no haberlo hecho, pero gracias a ello, tengo un mogollón de cosas que contar en el blog... So...
Por lo visto en un partido de fútbol un montón de padres y madres, o solo de padres, ni idea (he visto las noticias, pero sigo teniendo dos hijas y un montón de cosas en la cabeza, entiéndeme ;)) han montado una pelea épica. Yo no soy muy de peleas, tiro más por la vía diplomática, pero entiendo que, tal y como funciona el mundo, esto es lo más natural que puede pasar. Deja que me explique, no te eches las manos a la cabeza todavía. Vivimos haciendo lo que nos dicen que hagamos, trabajando cuando nos dicen que trabajemos, dejando a nuestras hijas en manos del sistema, para seguir alimentándolo con nuestras 9 horas de alienación, y para que nuestras hijas sean capaces de aprender, desde bien pequeñas, que hay que aguantar y someterse, porque así funciona todo. Así que llega el fin de semana, partido de fútbol, nuestro único rato en familia, las niñas juegan, las adultas miran, y algo sucede que pone a todas los nervios de punta. Y aquí llega el estallido. Y nos echamos las manos a la cabeza, aunque después vemos que en la tele hay cientocincuenta horas a la semana de tertulias donde nadie espera el turno para hablar, donde todo el mundo se insulta y se escupe, donde el respeto melopasoporelforrodeloscojones. Después veo que en el congreso, las políticas se ríen mientras hablan los de cualquier color que no sea el suyo, también se insultan, pero con más sutileza. La policía, también, te machaca por entrar por la ventana en lugar de por la puerta grande, y además se lleva una medalla. En el patio del cole, la ley del más fuerte. En la cola del súper, la ley del más fuerte. En clase de matemáticas, manda la profe y yo calladita que no tengo ni idea, la ley del más fuerte... Y ahora, vamos a condenar a estas madres y padres, que se zumban en el campo de futbito. Mierda de ejemplo, ¿a quién se le ocurre?
Luego está lo del fin de semana, me fui a Cádiz, sabes, un fin de semana muy guay, con las chicas. Lo bien que vienen estas escapadas, no te imaginas. Y allí, en el apartamento que cogimos, una revista de esas de moda me llamaba desde la mesa... Vente, léeme, así criticas con conocimiento de causa, no seas lela... Me la llevé a la playa. Venga, dale, si total, no puede ser tan malo. ¿?¿¨?¨¿? Portodaslasdiosas... No voy a comentar la mierda de artículos del siglo pasado que leí, ni el precio que tiene una silla de plástico, pero, oh, hablaban de feminismo, y esto no puedo dejar de comentarlo. Hablar de feminismo desde una revista donde se habla de "modelos talla grande", o donde perfecta para el verano en 5 pasos no se une en ningún momento a disfruta del calor y el solete, es, ya de por sí, una paradoja, pero en el editorial se les ocurre mencionar el artículo de nuestro amigo reverte en el que se cree con el derecho a decidir quién es y quién no es una señora. En este artículo, por si no lo conocéis, el revertedeloscojones hace gala de sus buenas maneras y su saber estar poniendo a caldo a una señora que lo llamó machista por dejarla pasar en la puerta de una tienda. Hasta aquí parece que la mujer pudo equivocarse, y la controversia está servida, oh, es que llamar machista a una persona educada, encima de que le abre la puerta, a donde vamos a llegar con esto del machismo... blablabla. En la revista Glamour llegan un poco más lejos, hablan de que, ante todo, hay que ser educada, mujer, los derechos fundamentales no se defienden sin educación, como se te ocurre... Buh. A ver, cómo os diría, este hombre no es machista por abrir una puerta, es un imbéciel por escribir un artículo poniendo en tela de juicio un problema real que nos afecta a todas, y a todos. Vivimos en una sociedad patriarcal y machista. Y eso me afecta a mí, como mujer, a ti, como hombre, y a las personas que no tienen ningún interés en que se las categorize según esta dicotomía. Así que, defender a este hombre, que puede defenderse solo, y decir dos frases antes, un titular después, o siente artículos en medio, que el feminismo está de moda, y que todas debemos estar unidas, me da ganas de vomitar. A ver si me entiendes, o te lo tiene que contar Lola.
Además, esta semana, algún tocahuevos le ha dado caña a Bei, igual no la conoces, porque no tienes hijas, pero deberías empezar a echarle un ojo, porque es el tipo de persona que se moja por aquello en lo que cree, aunque eso implique perder treinta seguidores del tirón. Y entonces me ha dado por pensar cómo podemos hacer que la gente vea que el problema es el sistema. El círculo que te hace ver lo importante donde no está, que te permite ponerte en mi contra por querer educar a mis hijas de una manera diferente a la tuya, como si yo fuera el enemigo, como si el que es diferente tuviera que darte miedo, porque tu mierdadesistema solo funciona si la gente cree que es el único sistema posible, si la gente no piensa y decide írsete por la tangente. Que te permite preocuparte más de si yo no educo dentro del sistema que de que, ese sistema al que idolatras, tenga un porcentaje de fracaso escolar del 20%, unos datos de acoso escolar tan vergonzosos como estos... y lo peor, unos resultados tan , socialmente injustos como los que estamos viviendo en la actualidad.
Por último, pero no menos importante, si no mucho más, y mejor, esta semana ha sido el cumpleunaño de mi primsobrénito, que viene a ser algo así como el pequeño más rebonico que hayáis visto en los últimos tiempos, tratando de equilibrar su cabezón lleno de cerebro y su cuerpecillo de culebrilla por el pasillo, merece la pena verlo. Y verlo con mis hijas, y cómo se bastan y se sobran para crear, construir, inventar y divertirse, sin que necesiten adultas explicándoles cómo funcionan las cosas, sino adultas que las acompañen y las respeten, me da el chorrazo de esperanza por el que sonrío todo el tiempo, que luego me preguntáis que cómo hago con la cantidad de porquería q vierto por aquí. Pues así, muchachas, observando y disfrutando, que la naturaleza se abre camino. Shhh.
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25.3.17
de cambiar el mundo entre todas o no se puede enseñar sin el ejemplo
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22.4.09
GRACIAS POR HABLAR POR MÍ
Artículo de Arturo Pérez-Reverte publicado en XL-Semanal.
Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros.
Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera.
No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía.
De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas
Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña.
Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Ed ucación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.
Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos».
Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p'alante.
Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.
Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil, que un malvado.
Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros.
Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera.
No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía.
De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas
Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña.
Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Ed ucación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.
Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos».
Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p'alante.
Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.
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