26.11.06

RELAX! DON'T DO IT...!



Feliz Cumpleaños Juan, y muchas otras cosas más, hicieron de la del viernes una noche memorable...
Supongo que el trabajo puede llegar a ser divertido. Sólo hace falta que sucedan las cosas como tienen que suceder, un toque de casualidad por aquí, un poco de suerte por allá, y ¡zas!, en un momento te ves que no das a basto y no puedes parar de reirte ante lo comiquísimo de la situación. No todo puede ser como tú quieres, pero puedes disfrutar intentándolo, golfa... Así es como quiero que suene a partir de ahora. Se acabaron las tonterías.

La tarta... buff... seguro que tuvo algo que ver...

KRISTIAN...

Y el cuento empieza con una ventana..

Cuando miró por la ventana medio abierta el sol del mediodía, y saludó al horizonte que le traía tan buenos recuerdos, no se pudo imaginar que allí donde miraba había una noche eterna que caminaba poco a poco hacia su vida, que llegaría disfrazada de atardecer y se quitaría el antifaz para dejar ver al mundo la luna que no envejece, la luna de Noviembre. Cuando miró por la ventana y se puso melancólico porque no había nubes que taparan tanta luz de realidad, no sabía todavía que sería un gran día para él, a pesar de la realidad, o gracias a la realidad que tan poco le gustaba.

Mientras se vestía de esperanzas y de sueños, como hacía casi todas las mañanas, y cubría capa a capa su corazón recosido tantas veces, o tan pocas, porque nunca es suficiente; mientras tomaba el café que le ayudaba a despertarse, mientras guardaba en el armario el azúcar, y se ponía la bufanda, que cubría casi siempre la mitad de su sonrisa, mientras salía por la puerta dejando atrás su vergüenza, empezó a sentir que algo distinto tenía aquella mañana, que algo diferente había sucedido la noche anterior que iba a dejar una gran huella en el suelo de este nuevo amanecer.

En el autobús casi lleno empezó a recordar el sueño que había tenido, y allí estaba Peter Pan, preguntándose si los sueños se cumplen algunas veces, si los cuentos, que es lo mismo, se convierten en realidad. Y pensó que no, que los sueños son sólo sueños, que las historias que le cuentan al oído o a través de la ventana, son sólo historias que te hacen la vida más fácil. Pero se equivocaba, porque la realidad depende de los sueños y los sueños son realidades que no pudieron ser, que se quedaron a medias y que están ahí, cada noche, por si alguien quiere recuperarlas y darse una segunda oportunidad.

Aquella mañana, aquella tarde porque mientras iba en el autobús quiso cambiar el tiempo y lo hizo solamente con pensarlo, fue un continuo « deja vu » que por primera vez podía entender y resolver, un extraño sentimiento de control sobre si mismo le invadía cuando caminaba entre tanta gente, y deseó que parasen a mirar a su alrededor, y lo hicieron, y deseó que todos fueran tan felices como él, y eso le convirtió en una persona maravillosa, y después no deseó mas, porque no le gustaba el poder, porque sentirse poderoso da siempre un poco de vértigo.

Siguió caminando, y sin mirar hacia atrás vio los ojos extraños y cubiertos de tristeza que se le clavaban en la espalda y le sujetaban sin tocarle, y se quitó la bufanda y dejó ver su sonrisa. Y se giró y dejó ver sus ojos de tierra húmeda, y se acercó a los ojos que pedían silenciosos una mano que no los dejara caer, que los sujetara por encima de la cuerda que hoy era más floja que nunca. Y sacó la mano del bolsillo roto, y se la dio a la chica que asomaba por detrás de aquellos ojos, y camino con ella por la cuerda de la felicidad durante unos instantes que parecieron eternos, y juntos podían ver el camino entre los pies del mundo entero. Y dejó aquellos ojos a salvo, en el portal melancólico que se cerró con un pequeño grito ahogado de gracias, de despedida.

La siguiente mirada se cruzó en su camino unos metros más adelante, era una mirada seca, un poco carcomida por el polvo de tantos años que simplemente habían pasado uno detrás de otro. Una mirada sabia, pero aburrida, que pedía auxilio, que necesitaba que alguien la sacase de la rutina de los días, de los meses que se sucedían sin fin, en un continuo ir, sin venir, sin dejar de ir siempre hacia ninguna parte. Y esperó a que su impaciencia le hiciera dar otro paso para cruzarse en medio e impedírselo, y hacerla caer y romper su reloj; y con sólo un tropiezo cambió el rumbo de las cosas, y la adentró en un nuevo día, desconocido, que la convirtió en una nueva mirada, más joven, más sorprendida, y menos sabia... Dejó la segunda mirada desayunando en la barra de algún bar, sin saber muy bien en qué momento del día se encontraba, y sin saber muy bien si aquella sensación en el estómago era hambre o se estaba enamorando.

La siguiente que salvó fue una mirada doble, cuatro ojos que se evitaban a pares, que se intercambiaban sonrisas eternas desde distintos puntos de la ciudad en los momentos equivocados, que querían decir y callaban, que estaban de frente y cerraban los ojos, que no tenían valor para mirarse unos a otros y que tenían un miedo extraño a ser rechazados, cuatro ojos que querían quererse pero no lo sabían, cuatro ojos que no juntaban sus dos perfectas narices por miedo a que no encajaran, por miedo a equivocarse de pieza al montar el rompecabezas. Y él, que ya sabía que los rompecabezas no tienen que encajar a la perfección, porque la perfección es aburrida, agarró las cuatro manos con fuerza y las hizo girar hasta sentarlas frente a frente y dijo lo que las miradas callaban, y esperó hasta ver las piezas desencajar casi perfectamente, y después del beso, se marchó.

Y cuando miró a su alrededor de nuevo, ya empezaba a oscurecer y alguna estrella se adivinaba en el cielo abierto, y no había gente en Sol que corriese, no quedaban corazones por salvar ni miradas por abrir, excepto la suya, y sintió la soledad que siempre le había asustado. Volvió a casa mientras la luna se dibujaba en el reflejo de su silueta, y en su ventana, que seguía medio abierta, escrito con el vaho de medianoche estaba su cuento eterno, que terminaba igual que empezaba, asomado a la ventana, con una voz que le susurraba al oído y que le acompañaba desde lejos, desde la estrella más maravillosa de todas, justo la segunda de la derecha, y le decía “Vuelve en Noviembre”. Y la soledad se esfumó y la noche no terminó nunca, y volvió en Noviembre, en un Noviembre eterno, a asomarse a la ventana y a dejar que el aire que entraba en la habitación le destapara el corazón y se le metiera dentro.

FELIZ NOVIEMBRE



¿Hay Católicolimpiadas?

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