31.1.06

IN MEMORIAM

Como un resumen de su vida entera, aquel momento se quedó inconcluso. No le dio tiempo a ser como era, no le dio tiempo tampoco a enseñar tantas y tantas virtudes que habia acumulado con el pasar de los años. Había aprendido mucho, había escuchado aún más. Pero se había pasado su momento, el momento de las buenas personas con buenas intenciones. Ahora eran otros tiempos, solía decirme cuando iba a tomar café con él después de comer. Ahora eran tiempos para el egoísmo y el pisar a los demás. En mi época, me decía, la gente miraba por sí misma también, pero con otra idea, la de conseguir lo mejor para uno sin hacer daño a nadie. Ahora los jóvenes, me decía, aunque yo sabía que no sólo lo decía por nosotros, los de veintitantos, sino por sus hijos y tantos adultos por los que se sentía abandonado o rechazado, ahora los jóvenes pensáis sacar provecho del dolor ajeno. Y no es necesario. Yo supongo que el par de horas que me pasaba por allí, una o dos veces a la semana, no eran mucho para él. Que a él le hubiera gustado que fuera cada tarde. Porque tenía años y años que contar, y le quedaba poco tiempo para ser escuchado. Y nadie hará una película que lleve su nombre, decía, porque las cosas importantes ahora son las que se cuentan en un momento y dan eternidades de provecho; las mentiras. Y yo intentaba siempre llenarle un poco de esperanza, decirle que no todo era tan terrible, pero en el fondo sabía que tenía razón. Que por fín habíamos conseguido deshacernos de nuestros mayores, que por fín habíamos conseguido callar los labios de los sabios, que durante toda la historia de la humanidad habían sido los mejores consejeros, y ahora, una vez logrado, nos ibamos a la deriva, sin rumbo ninguno. Y él me decía que estaba bien que yo tuviese esperanza, porque la esperanza nos ayuda a seguir vivos, como la ilusión. Pero que él ya la había perdido casi del todo, porque durante tantos años había escuchado demasiado, y nadie lo había escuchado a él. Y todo lo que había aprendido, nadie quería oirlo. Y tenía razón, no era el hombre más sabio, pero todo aquél que le hubiera escuchado habría aprendido algo de él, y con eso era suficiente. Pero ya nadie quiere escuchar a los viejos, me decía. Somos muchos, pero es facil deshacerse de nosotros porque no damos guerra, estamos cansados y... Y así, en mitad de la frase se quedó en silencio. Ahora ya no me dice nada, pero me gusta pensar cuantas cosas tendría que decirme. Aunque no pudiera terminarlas.




La vida es duda, y la fe sin duda es sólo muerte. Miguel de Unamuno

1 comentario:

Almudena dijo...

No sé, o sí pero no hace falta decirlo, lo que te ha movido a escribir esto pero todos tenemos esa sensación de que nunca hemos escuchado todo lo que debíamos y que nunca pasamos demasiado tiempo porque parece que a los jóvenes se nos va de las manos; y ahora que ya es tarde para pasar ese tiempo juntos es cuando parece que no sabemos como llenar ese vacío... pero nos queda la esperanza de que no cometeremos ese error nunca más y que haremos que los demás tampoco... pero sólo es eso, esperanza.

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